martes, 17 de junio de 2008

Confesión aparte: no me gusta tu vida

Lo único que me hace realmente feliz es escribir. Aquí yo construyo el mundo que deseo. Otro universo es posible, en las letras que ordeno, las palabras que gobierno, los párrafos que recolecto. Puedo decidir el destino de una guerra, la explosión de una moda, la muerte de un personaje. Reconcilio versos, enredo teorías y siempre, siempre, siempre... me rescato, salvándome del océano de bulla, ruido, escándalo, bochinche y para-in-fernalia que tengo alrededor.

Juego a construir, ladrillo a ladrillo, un castillo con esclavos. Siempre esdrújulos, adverbiados hasta el fastidio, cansados de ese señor calvo y gordo que resulta ser su amo, malvado ortográfico de amplia sangrías y v(b)astísimos errores gramaticales, se acentúan las agudas diferencias verbales. Dan una vuelta canela y te sacan el dedo, niños malcriados te patean el juego, y se ríen después que les das su coñazo.

¿Y si me diera la perra gana, como se decía antes, de escribir todo lo que me pasa, y como yo quiera? Tendría que confesar las dos amantes simultáneas, que no se hacen demasiadas ilusiones conmigo, porque saben que soy amante pero no Romeo, que soy poeta y les bajo las pantaletas, que no puedo amarlas, sino amarrarlas. No a ellas, no por ellas, no con ellas.

Eso podría decirlo, o admitir que estar solo es más difícil que conseguir la pareja ideal.

A nadie le está permitido admitir que no le gusta su vida, pero todos pueden gritar que odian su ciudad, su país, su familia, su trabajo, su destino, su pareja. Es completamente ilegal asesinar, pero nadie toma acciones contra los familiares y amigos de quienes se suicidan, que creen que todos los demás serán más felices tras su desaparición.

Con mi verbo creador, como un Dios que dictó una Biblia, por lo menos yo puedo instituir leyes terribles, venganzas cósmicas, terneras sagradas y deliciosas, servidas en secretas recetas místicas. Carnes suculentas servidas con guisantes, y hongos, hierbas griegas aromáticas. O ahuyentarte el ánimo, encerrado en el infierno del transporte público que esperas nunca más usar, luego del atraco, el retraso, el charco, todas esas cagadas cotidianas.

Negra, menos mal que mis dedos no me cobran, ni hablan, ni se quejan. Y eso que son venezolanos.

5 comentarios:

|Andina| dijo...

"Tendría que confesar las dos amantes simultáneas, que no se hacen demasiadas ilusiones conmigo, porque saben que soy amante pero no Romeo, que soy poeta y les bajo las pantaletas, que no puedo amarlas, sino amarrarlas. No a ellas, no por ellas, no con ellas."


Es fácil escribir confesiones cuando lo hacemos con los ojos cerrados y los dedos libres.
Es más satisfactorio -a la larga- confesarnos con la boca seca, y las manitos atrás.

Uno como poeta, prefiere no morirse de sed.
Usted como poeta... nos da agua a los demás.


Muy bueno :)

Maily Sequera dijo...

maldita sea
:)
{la comprensión}

Vigi dijo...

se hace con lo que se nace, si naciste escritos moriras escribiendo la sangre no miente

Calíope dijo...

Las letras (y las confesiones a medias) son lo único que nos mantiene sobrios, en un mundo alcoholizado de superficialidad.

Palbo dijo...

Cuento breve:

Mr. Firglebinkle me pidió que le cuide la casa hasta que regrese. Me dio un manojo de llaves y me advirtió: nunca utilices la llave dorada, nunca abras la puerta trasera. Cuando volvió, le devolví las llaves intactas.