sábado, 15 de septiembre de 2007

Confesionario de un poeta triste - VIII

Soy el Agua.

Lágrimas que bañan tus mejillas, tus sentimientos.
Agua lluviosa que moja tus ya cansados pensamientos.
Claro estanque, donde se sumerge tu alma, donde flotan las hojas,
Hojas del otoño, recuerdos que no atesoro,
que ruego al Viento llevar consigo.

Aquel destello suave que penetra en tus oídos sordos de sinfonías a Júpiter. Deseando en lenguas latinas que todo haya pasado ya: que la tenebrosa niebla del Miedo pereciera como muere ante la Luz del Sol, al encontrarse con mi mirada, con mi presencia, con tu cuerpo.

Estás llena de duendes que cantan, que vanaglorian frutos del manzano que no han sido probados aún, verdes asesinatos, mentiras ahogadas en un lago sin agua: lleno de pantano y remordimientos, verdades nunca dichas y despedidas secretas e inconclusas.

Preceptos, convicciones y prejuicios: hipócritas hipótesis humanas de lo falso, de la intrascendencia de su naturaleza mental. Jardín despoblado de rosas, de jacintos, de árboles de nísperos, apenas hay conceptos, teorías y fundamentos, grises filosofías metálicas, que no brillan; opacas placas de cristal negro que absorben luz, que brillan en la oscuridad, que sollozan entre las sombras blancas, entre bastidores.

Me encuentro abandonado y triste otra vez, con una tristeza que llevo en el alma, que no muere, que no tiende a desaparecer, una tristeza infinita. Tristeza por ti, por verte morir, por verte partir, por verte alejarte de mí. Una tristeza que me arrastra a la soledad de las multitudes, a una soledad a gritos, a soledad de arte y profesión. Solitario entre cuerpos desnudos que nunca presencia, sabores que nunca probé, pero deseé cuando te tuve.

Mirar las estrellas, escribir poemas, llorar entre los charcos, nadar en las galaxias, son esas mis ocupaciones. Alucinar donde estás, gemir por tu ausencia. Soy tu poeta, vida mía, entre el cese de la respiración y el embarazo, se efectúa la más grande hazaña, la gran tarea que pocos saben cumplir: Vivir.

Soy el Agua. Sollozos que rompen en lágrimas. Hay lluvia en mi alma.

Soy la emoción que hace temblar las manos, que sonroja las miradas, que nubla los sollozos. Desborda la marea de tus ojos, húndete en tus sueños, despréndete de tu carne, vuela suavemente entre estatuas plateadas, en oníricas suposiciones personales, observa las rosadas esferas del aire, mira mi cuerpo sutilísimo, olvida mi concepto, y es así que respirarás mi esencia.

2 comentarios:

Mar dijo...

Triste y poeta... no hay duda.

Bonitas palabras, bellas metáforas, perdidas elucubraciones.

Mar.

|Andina| dijo...

Soy tu poeta, vida mía, entre el cese de la respiración y el embarazo, se efectúa la más grande hazaña, la gran tarea que pocos saben cumplir: Vivir.

me quedo con esto.