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domingo, 6 de agosto de 2023

Poesía permitida

¿Es este el lugar para la poesía?

No estoy seguro si está permitido, aunque no se le prohíba.

Este verso no es para la incordia, quiero aclarar,

así que prefiero que estén abiertos a su existencia, porque hoy quiero más que tolerancia,

hoy espero una almohada, acolchada y bien limpia, para que se acueste la fantasía como un niño llega a esa casa que tanto le gusta, para reírse y dormir, para jugar solo con avioncitos en el aire y muñecas de posibilidades infinitas,

mi poesía quiere hoy comer caramelos a la hora del almuerzo, y reírse porque se le salieron los mocos,

estos versos son los hambrientos de hambre y lujuriosos del deseo, que encuentran a libidinosos golosos que no los esperaban,

esta poesía que traigo hoy es un trago frío en medio de la guerra fraticida y un mesero desgraciado que no escupe en tu pizza,

Otras veces lo que basta es que se acepten versos, en un lugar donde también se folla, se grita o se estudia,

como el vuelo de un ave que puedes mirar sin disparar, porque tú también vuelas o eres felino dormido,

cuando miras una comida que puedes comprar, sin robar, y te sabes un postre delicioso,

o cuando de forma descuidada sueñas con un beso y entonces, te lo roba una abuelita bromista,

así vengo a pegar acá mi poesía,

aunque no esté prohibida, 

no le basta con estar permitida,

quiere ser picardía, niño loco y baile sin música.

martes, 8 de noviembre de 2022

Me fallaron

Hoy acudo a este solemne lugar para hacer un reclamo. Quiero dejar constancia del dolor acaecido por los canales regulares que han caído sobre mí de forma equivoca. Por favor, haga la anotación, si quiere una nota al margen, que hubo una equivocación. No quiero una orquesta, una protesta ni un mural, sino que usted lo oiga de mi propia voz pero también vengo a dejar pruebas de mi desagrado, de mi tristeza y la huella dejada sin consideración adecuada.

Entiendo que sea inevitable, como la mancha de sangre de la pared de fusilamiento, como el decreto firmado que ya corre por las venas del coronel, como un chisme cuyas palabras ya no le pertenecen a nadie. Son esclavos de lo que han dicho, esculpido en mentes ajenas en comentarios de pasillo, en lo formalmente establecido.

Me fallaron. Ese es el dictamen que vengo a dejar acá consignado.

Siento que me fallaron. Que tenían que haberme cuidado mejor, que sus palabras debieron guiarme de forma más correcta para cumplir con sus expectativas, que comunicaron de forma errónea sus deseos y que al cabo de la noche, en la esperanza del nuevo día, no hicieron lo necesario para que un ser humano no pasara por el camino oscuro que no debía cruzar en esta aventura acordada.

Y sí, esperaba que me cuidaran, porque acá estamos todos compartiendo existencia, colaboración y destino. Porque nadie le va mejor porque otro se extravíe, porque mi enemigo me enseñó con su saña que nadie hiere a otro sin provocarse así mismo una inexorable devolución, una gravedad planetaria que juega con la física, la metafísica y la poesía.

Acá quiero dejar constancia, porque pasará el tiempo, se moverán las cosas, cambiaremos, esto tan sólido se va a derretir, lo pequeño crecerá, lo grande va a implosionar y lo nuestro será de otros, pero nada podrá cambiar el pasado, una condena inevitable.

Entonces acá el horror y el dolor, el error y el verso horrible que apareció mientras trato de arrancármelo todo en la transcripción. Es recordar los días sin paseos en que fue urgente caminar. En los pensamientos intrusivos que no se pudieron recortar, como un programa de televisión indeseable que se borra con un dedo. Quedan así documentados los reproches que se encaracolaron como pequeñas motas de polvo en resquicios a los que las lágrimas no lograban sacar. 

Mediante este texto, los considero perdonados, por mis propios errores reflejados, por la falta de compañía y por las decisiones horribles tomadas con la mejor de los posibles escenarios. Así quedamos, gracias. Mi constancia, sí, muy amble.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Pum zaranda y baranda

Pum zaranda y baranda

ay, se cae el pipote cogote

así me tropiezo bailando

así me río fallando

así te cuento que ya no estoy donde estaba

 

Pero recuerdo que he olvidado

y que ahora hablo hasta diez idiomas

dos de niños, uno de plantas, tres sin alfabetos

 

Me caigo, me río, me soy


viernes, 21 de enero de 2022

Ya te extrañaba

Viendo tus hilos, tijeras y colores, tu mesita, tu impronta creativa, diaria, tus ruidos ausentes, ya te extrañaba. Hace años, después de confesarnos pecados, errores y sinceridades, ya te extrañaba. Era el miedo a perderte, de estar lejos, apenas imaginando que se extendieran nuestros espacios distantes por trabajo. 

Lloré, sabiendo que regresarías pronto, pensando que podría pasar algo, y no pasara. Un accidente, un error mío, algo desconocido que emergiera del pasado, de los secretos, de las experiencias pasadas de corazones rotos porque el otro se desenamoró.

Un día, muy lejos de ti, lejísimo, lo más lejos que hemos estado, entendí. Lo mismo que intuí en la selva, o en el bosque arrasado por mineros, tan lejos de ti por culpa del peligro. No quiero estar lejos y tú allá, sólo esperándome, paralizada. Y por eso estás creciendo hacia adentro, para no esperarme sino para volar, correr y andar juntos, con miradas distintas y comiendo del plato del otro, como dijiste, tomados de la mano pero con nuestros universos particulares.

Te extrañaba, antes de saberte lejos, porque me estoy preparando. Ahora yo soy y seré el hogar, lo diario y lo cotidiano, el paciente, la espera y la mujer del pescador. Tú, campeona del mundo, de ti y de tus sueños. Me gusta, porque sabré estar y ser, sabré esperar sin paralizarme y me admiraré con tus ojos galácticos, de nuevo, que hayan visto tanto y vengan a besarme, ser besados y escucharte, mil veces, oír y contarte, lo pequeño, lo grande y lo nuevo, aderezarlo de lo viejo, lo nuestro, lo cultivado.

Ahora te extraño más, porque ya te extrañaba, pero estoy y soy, celebrando cuando somos, estamos.

jueves, 15 de febrero de 2007

Ojo de Verónica

Brillaban al revés, hacia adentro. Con un eclipse lunar desde dentro hacia fuera, como un espiral o un abismo, en realidad. Creo que más bien parecían un laberinto con el Minotauro cruzando rápidamente en cada parpadeo.

Exactamente eran así. Un abismo espiral que giraba dentro de su propio eje, cavilando nerviosos mientras dormían. Soñaban claro está, y la sonrisa venía inmediata. ¿Dije ya que tenía sus dientes completos? Mucho más allá, eran blancos, imperfectos microscópicamente, por tanto, encantadores sin ninguna duda.

Ojos cerrados, sonrisa inevitable y yo. Detrás de las cortinas de oscuridad, justo en el medio de las luces de neón que entran ruidosas por las ventanas, agitándolo todo. Yo aguantaba la respiración, el loco era otro, quien no era yo precisamente. Un ser inanimado, ¿para qué engañarnos?

La luz entra perpendicular por la ventana de cuatro vidrios en la ilustración de mi libro de lectura. Aquí no es diferente por eso me maravillo; es una fantasía hecha realidad porque recuerdo, perfectamente, que tú ya estabas allí cuándo yo no te veía. Y aún así, la vida continuó como si todo fuese una gran casualidad.

De repente, yo sentado frente a tí, viendo la luna eclipsar girando hacia dentro de sí misma en un oscurísimo abismo de forma espiral, dentro de tus ojos. Con un sonrisa imperfecta que te hace persona frente a mí, sentada también.